El Principio del Final

Esta fue la tercera actividad realizada en el Taller de Creatividad Narrativa. El disparador es la siguiente foto, y de ella había que escribir lo que viniese a la cabeza. Nuevamente, con plena libertad creativa.IMG-20170312-WA0005

 …

Fueron 10 años juntas, y este era el primer día en que con certeza supe que todo acabaría.

Comenzó cuando Mei despertó a las seis de la mañana y no a las cinco, como de costumbre. Luego se levantó de mi lado sin siquiera darme los buenos días y el beso que acostumbraba desde que vivimos juntas. Me volteé ante su silencio absoluto y fijé la mirada en la ventana donde se recostaba el sol en el cristal, “prometía ser una buena mañana”, pensé cuando ella salió del baño, se dirigió a la computadora y colocó una canción al azar. Después se dirigió a vestirse para ir a trabajar.

Por unos minutos dejé de perseguirla con la mirada y el deseo. Mi atención se concentró en la melodía introductoria de la canción. Sentía que algo por dentro se me rompía; las lágrimas se apresuraban a salir de mis ojos, dando inicio a una carrera por llegar antes al edredón que aún cubría mi cuerpo desnudo.

Allí estaba ella, lista para salir a vender seguros a nuevos adultos. Sin un café, sin una lágrima, sin un adiós.

Y es que Mei es una persona que te advierte de sus pasos en el futuro, en su mente, confluyen el pasado aberrante, el sensible presente y el futuro certero. Les digo esto porque años atrás ella me contó sobre aquellas señales de las que me debía de cuidar. Y las recuerdo tan bien porque Mei sabía muy bien cómo romper una atmósfera, sea cual fuere. En ese instante lograba lanzar el mensaje que quería y luego retomaba el tema y el ánimo anterior. Estos golpes de seriedad plena eran los que me preocupaban. Por ello los recuerdo. “Son sus cuñas definitivas”, pensé en algún momento de nuestra convivencia.

El transcurso de este día poco lo recuerdo, fui a trabajar, regresé a la casa un poco más tarde de lo usual, pero allí estaba Mei. Taciturna y abstraída. El reflejo del sol al atardecer abrazaba su cuerpo casi expuesto a la brisa marina. Sus piernas se deslizaban fuera de una toalla algo roída, sus cabellos sueltos y ondulados, sus brazos rodeando su cuerpo y su mirada… perdida en algún recuerdo.

La noche pasó silente, nada era tropezado con torpeza o descuido, nada rompía aquella ausencia del sonido, “todo estaba planeado en su mente”, pensaba mientras otra parte de mi quería gritarle, pero no lo lograba.

Seguí sus pasos hasta la habitación. La vi desvestirse: sus prendas colocadas sobre el chifonier, su chaqueta y camisa arrojadas en la cesta de la ropa sucia, su pantalón en la silla de la esquina, su sostén en el suelo junto con la pantaleta… En realidad, sólo había imaginado todo aquello como otras tantas noches. Quería fantasear con eso que hoy se ausentaba de nuevo. La verdad, sólo se quitó la toalla con desgana y automáticamente se arrojó a la cama. Mientras que yo me desvestía con la velocidad de un anciano a escondidas en el baño de la habitación. Todo estaba mal.

Reposé en su regazo en mi imaginación, percibía su aroma con el recuerdo, recorría cada centímetro de su cuerpo con su sustituta, la almohada.

Allí estábamos, a las 3 de la madrugada, dándonos la espalda, firmando la separación de un gran amor, almas gemelas. Allí estábamos, aceptando un adiós inminente.

-Dalia, se acabó. -dijo en un susurro.

-Te extraño tanto Mei. -le dije.

Luego la besé en la frente y sin nada que me cubriera de la derrota, ni del frío de la madrugada, salí por el ventanal que daba a la playa. Caminé hasta aquella orilla que nos vio tantas veces juntas, me sentí donde creí más conveniente y esperé. Esperé al alba.

Si algo nos habíamos prometido Mei y yo, fue lo siguiente:

“Nunca nos dejaremos de besar al despertar, así tengamos mal aliento, de desearnos un buen día, de tomar el primer café de la mañana, de ausentarnos a un amanecer, de olvidarnos avisar si vamos a llegar tarde, de almorzar o cenar juntas, nunca veré un atardecer en toalla o sin ti, nunca nos acostaremos dándonos la espalda…”

Amaneció como otro día en los que no estaría con Mei. Con mis ojos envueltos en lágrimas, con el cuerpo desnudo ante la pena y el dolor, porque hoy se cumplen 5 meses de su fallecimiento en aquel accidente automovilístico mientras regresaba de trabajar.

En el Cielo No Se Está Tan Mal

Cuarta actividad pautada en el Taller de Creatividad Narrativa. En esta oportunidad se utilizó el cuento de José Joaquín Blanco, titulado “El Otro Infierno“. El cual era un disparador en sí. Por lo que teníamos libertad creativa para escribir lo que nos viniese a la mente al leerlo.

¿La verdad?, jamás pensé que llegaría a entrar en el Cielo. Con todo lo que hice estando viva,… y allá abajo. Debería, por el contrario, estar condenada eternamente a permanecer en varios Círculos del Infierno. Simultáneamente. Sin embargo, aquí estoy, evaluando cuáles fueron mis errores, para cuando reencarne no los vuelva a cometer: como esa tontería de enamorarme de José, o dejarme atrapar como una tonta por las autoridades.

¿Creían que realmente iba a cambiar por llegar aquí? Jaja, pues no.

A lo lejos veo a José algo abstraído, y es que me imagino las razones de aquello, y es porque luego del espectáculo que iniciamos en el Segundo Círculo, aquí arriba, por muy bien que lo recuerde y lo sienta todavía, no se le va a parar el paquete. Pobrecillo. En el cielo no se erectan los penes. Jaja.

Yo, por el contrario, ya he encontrado la forma de entretenerme entre tantas nubes color rosa. Odio el maldito rosa. El caso es que los ángeles más jóvenes, y algunos arcangeles acuden también, a mis cuidados. Algunos regresan varias veces al día, otros poco menos. Claro, todo en absoluto secreto de los otros ángeles más castos. Pero como todos sabemos: “Dios todo lo sabe y todo lo ve”. Tremendo pervertido es lo que es. Por eso, durante los cuidados de los seres celestiales, y ellos del mío, procuro guardarle la mejor vista a ÉL… Ustedes saben…

Y es que si creyeron que se entra gratis aquí, son tremendos ilusos. Pero no. Se paga. Yo tengo ya toda mi estadía reservada en VIP.

Por cierto, José, sin rencor, pero el mejor sexo oral que me han dado, me lo dieron aquí, precisamente ese ángel empeñado en que renuncies al pecado de la Lujuria. Sin rencores.

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Mi Juan

Este cuento está basado en el escrito por Missiani Francisco, llamado: Un Regalo Para Julia. En el que, según la actividad, había que relatar los acontecimientos desde la perspectiva de Julia. Realizado para el Taller de Creatividad Narrativa

-Ya la decoración está lista, señorita Julia.

Pauline se veía toda sudada y agotada, probrecilla. Mientras seguía sus pasos hacia el Gran Salón para poder admirar el trabajo realizado tenía la sensación que olvidaba algo, pero no sabía qué. Llegué al Gran Salón y me quedé absorta del cambio tan drástico. Un salón viejo y opaco se vio transformado en un ambiente tan brillante y alucinante.

-¡Está perfecto, chicas! -Las felicité a todas por su labor- Esta noche será…

Al fondo de mis palabras se escuchaba el gran reloj Cucú de mi padre. Conté: uno, dos… tres cucús. ¿Ya son las tres?, ¿Tres?, ¡Las tres!

-¡Rayos, olvidé ir a ver a Juan!

Rápidamente me despedí de las sirvientas y les indique que siguieran con las preparaciones. ¡Todo tenía que estar perfecto para esta noche!, pero yo estaba hecha un desastre. Tomé lo primero que conseguí en mi pieza, me lo coloqué con un poco de esfuerzo y corrí a maquillarme apenas. ¿Juan seguiría esperándome?, tengo que apresurarme… Corriendo escaleras abajo me echo el último vistazo ante el espejo ¡Este es el vestido de mi hermana!. Bueno, ¿qué más da?, ya no tengo tiempo de cambiarme de nuevo. ¿Qué hacía ese vestido allí?. Me monto en el carro más próximo a la salida. ¡Aff, Juan espérame!, ¡No tiene aire!, pues ni modo.

Antes de percatarme ya estaba frente a la fuente de soda. Eché un vistazo rápido, ¡si, allí estaba!, tan lindo como siempre. ¡Realmente me asfixia!, me tocó subirme un poco el vestido para poder caminar más cómoda.

-Aff, ¡Dios mío!, me muero de sed. – Disculpa la tardanza, pensé y me senté.

-¿Llevas mucho tiempo aquí?

-No. Acabo de llegar.

Mentiroso, tienes cara de aburrido, pensé.

-¿Qué calor, verdad? -Entre la corredera me he sudado un montón y todo lo que falta por hacer, en fin, espero Juan no se dé cuenta, pensé mientras le sonreía.

-Si, espantoso.

-No lo aguanto. -Lo que no aguanto es este asqueroso vestido, me dije.- Uf, me muero.

Repentinamente se coloca a mi lado el mozo. Palabra que si no volteo y él habla no me doy cuenta que estaba allí.

-¿Desea algo, señorita? -Dijo él.

-Si, por favor…

-Dígame, contestó interrumpiéndome.

-¿Qué Coca-Cola?

-Pepsi-Cola.

-¿Pepsi-Cola? -¿Qué tipo de fuente de soda no tiene Coca-Cola también?, rayos, y ahora este mechón. Intenté espantarlo sin tener resultado.- ¿Tiene Orange?

-No. No hay.

-¿Qué tienen? -Entre el calor y que aquí no tienen nada de lo que quiero me voy a morir. Escuché que el mozo mencionó varias cosas pero lo dijo tan rápido que no le entendí nada- ¿Tiene Grin?

-Si.

¡Cierto!, aquí hacen unas merengadas divinas. Debería pedir una.

-Bueno. -dudé entre la Grin que poco me provocaba y la merengada- Entonces, una merengada de chocolate.

-¿De chocolate?

-No. Bueno. Traígame una Grin. -¡Qué difícil es decidirse con tantas opciones!. Aunque también tienen helado y con este calor me vendría de maravilla.

-¿Entonces Grin?

-Perdone. -que pena con estos dos estoy pasando. Miré a Juan tan tranquilo que me perdí por un momento y le sonreí.- Traígame un helado de chocolate.

Por mirar a Juan no me percaté que ua el mozo se había ido. ¿Me habrá oído el pedido?. Estoy tan nerviosa y al mismo tiempo feliz que me invitara a venir para darme un obsequio, que en realidad no hacía falta, pero aquí estaba a punto de decirle que desde hace un tiempo lo miro mucho. Cuando, de pronto, escuché un chillido agido.

-¿Oíste? -Le dije sorprendida.

-No. -Dijo él.

-Como un pito.

-Un niño. -Contestó.

-Fue raro. -En serio que si, pensé.

-Si. A veces pasa.

-Mi mamá dice que oye todo el día una avispa en la oreja. -Recordé sus comentarios sobre lo incómodo que le resultaba.

-Que raro.

-Si. -Los temas de conversación se estaban terminando. ¿Qué podía decir ahora?, ¿¡Oh, y esa cajita blanca!?, ¿será mi regalo?, pensé, pero me tardé en preguntarle. No la había notado antes.

-¿Ese es el regalo? -Me emocioné tanto, tal como lo hace un bebé, pero enseguida me dijo que no lo era, luego me echó el cuento de lo sucedido. Que se le cayó. ¡Qué barbaridad!, lo rompió, bueno, se le rompió. Le pregunté cuanta cantidad de detalles como me era posible, sin embargo, él respondía de forma puntual.- Palabra que lo siento, Juan.

-No importa. -Dijo él.

-Por supuesto que importa -Le dije. Si tan sólo supiera lo importante que era para mi aquallo, no hubiese dicho. Le tomé de la mano y le miré fijo a los ojos. Respiré profundo antes de hacerle la pregunta clave, ¿aceptaría?, ¿o la rechazaría?- ¿Te vienes conmigo? -me atreví a decirle por fin.

-No, gracias Julia. -En eso él me suelta y mira a un lado. Estaba el mozo colocando un vaso y una pajilla. Los miro dudosa y en lo que se va retorno la mirada a Juan. Mi Juan.

-¿No fue un helado de chocolate lo que pedí?

-No sé.

Entre tantas cosas que pedí se pudo llegar a confundir el mozo, ¿cierto?. O terminé yo confundida luego de todo aquel despelote, el calor, Juan, los nervios, Juan, el mozo… Pero, ¿qué más da?, ya tenía la Coca-Cola. Estaba tan fría, tal como me gustaba. Miré a Juan que estaba como absorto y le sonreí para ver si me decía algo, pero no reaccionaba. Lo llamaba y no respondía, lo volví a intentar.

-Juan. Oye Juan… -Sin respuesta alguna, lo detallé. Su rostro estaba un poco pálido, todo sudado y una mano constantemente bajo la mesa inmóvil. Lo intenté de nuevo.- Juan, oye. ¿Qué te pasa? -le pregunté ya preocupada.

-Nada -dijo sin más.

-Oye, tienes una cara…

-No, Julia -dijo- No me pasa nada.

-Me pareció que te sentías mal. -Esperé por su respuesta pero nada salio de sus labios- ¿Seguro que no te sientes mal, Juan?

Seguía sin responder. Las gotas de sudor bajaban por su rostro hasta su cuello, empañando su camisa. Ese color azul cielo que tan bien le quedaba.

-¿Seguro, Juan?, ¿seguro que no te sientes mal? -pretendía dejar de preguntar, pero respondió, por fin.

-No, Julia. No. Palabra.

No le creí para nada. Insistí.

-¿Segurito?

-No, Julia.

-¿Pero seguro que no?. No sé, tienes una cara… -Le dije.

-Palabra, te lo juro -Respondió.

En eso nos desviamos del tema un poco. Llegó un punto en el que sólo quería oírlo hablar y para ello era necesario que siguiera preguntando una y otra vez lo mismo. Tomé mi último sorbo de Coca-Cola de un tirón. Fue entonces que se me ocurrió mirar el reloj de la pared tras Juan. Ya habían pasado dos horas y media, ¡tenía que volver!, ¡los arreglos finales!, ¡bañarme, vestirme, estar lista!

-Bueno Juanito. Te espero en casa. No faltes. -Le dije con tristeza, sólo me importaba que él estuviera allí.

Le eché el último vistazo a la caja y suspiré profundamente. Lo miré y de nuevo le sonreí tan dulce como pude. Salí hasta el carro y de nuevo maldije este vestido que tanto me apretaba, ¡hasta montarme en el carro era un problema!

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Mi Primer Amor

Escrito para la segunda actividad para el Taller de Creatividad Narrativa. Caracas-Venezuela.

Disparador: Recuerdo más antiguo.

Se trataba de mi primer amor. Uno encantador, carismático, halagador, cariñoso, empático, conversador, pero ante todo, resaltaba su maravillosa habilidad de compañía. Para donde fuese allí estaba: observando mis movimientos, cuidándome de las caídas, protegiéndome de los regaños de mis padres, divirtiéndome con sus payasadas.


Pero ellos, los adultos, no entendían mi amor por él, ni el de él hacia mí. Nos eramos fieles, entregados, apasionados, felices. Eramos el uno para el otro. Recuerdo claramente sus abrazos matutinos en ese invierno, donde los copos de nieve llenaban nuestra área de juegos y besos, recuerdo lo cálida que era su piel aún con aquel frío y yo cubierta de chaquetas tan coloridas, y ese juguete con el que siempre cargaba y movía en sincronía con su caminar. Recuerdo su característico llamado a mi persona, siempre tan agudo y alegre. Pero lo que más recuerdo, son dos cosas: sus hermosos ojos azules, tan profundos como el mar, como ese que vi en el submarino en Barbados, lleno de peces que admirabas ver pasar. También recuerdo el nombre que le puse, porque el suyo no lo sabía pronunciar, aunque me lo repitiese tantas veces, no lo lograba, solo balbuceaba al hablar.


A veces compartía mis comidas y dulces con él. Mis caramelos de coco con los que era tan recelosa, los chocolates que me llevaba a escondidas, el pescado del mediodía, y como olvidar, que él también compartía conmigo: frutas que encontraba en el camino, flores que recogía del jardín de la vecina, retoños de hierbas para que las oliese y algún animalito para que lo conociese.


Él fue mi primer amor, tan sólo contaba con un año y 3 meses. Estaba dispuesta a amarlo. Él, por su lado, ya era todo un señor, tenía 30 años, y pertenecía a una familia cercana.


Yo lo llamaba Tutui, el maullaba diciendo mi nombre junto a un “te quiero”. Nos entendíamos. Él siendo un gato, y yo, una pequeña niña.

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¿Que si tengo miedo?

No, Tengo pánico. Pánico de ver su sonrisa cada día y olvidarla, de querer sus besos a cada instante, de extrañarle al despertar y acostarme, de ansiar hablarle sobre lo que me ocurre… Tengo pánico a enamorarme de nuevo, que sea el ideal, que se vaya sin responderme, que me olvide sin yo hacerlo antes, que me quiera tanto como lo estoy haciendo yo.

Tengo tantos miedos, pero quiero superarlos, llenando mis vacíos para estar con él siendo una, un ser completo, integro y caminar a su lado tomada de la mano.

¿Amanece?

 

Desde hace un buen tiempo (más de 5 años) siento que soy incapaz de llegar a querer a alguna de las personas que llegaron a ser mi pareja en algún momento, esto queda demostrado cuando al terminar dicha relación no lloro por ellos, ni los extraño, ni deseo verlos. Me destrozaban otras cosas, como todo el daño que me dejé hacer fingiendo quererles, amarles…

Es muy difícil para mi decir un simple “Te Quiero”, me lleva meses, incluso años. Mis dos mejores amigos saben eso, a pesar que me han demostrado miles y millones de veces que ellos si lo hacen, y aunque no se los diga, intento con todas mis fuerzas demostrárselo con acciones, pero no logro verbalizarlas. Luego está este miedo constante cada vez que inicio una nueva relación, miedo a ser abandonada, maltratada, abusada, violada y succionada emocionalmente. Me resulta terriblemente agotador y doloroso. Por lo que, al comenzar a salir con alguien ya visualizo mi distancia o la suya, una ruptura premeditada imaginaria que modula mi conducta a través del tiempo. Referente a lo anterior, hace poco me comentaron que la primera vez que me vi con “Ella” fue muy placentera y alegre, pero ya las siguientes mi estado de ánimo iba bajando y que por ello se distanciaba… Claro, entiendo su postura, me ocurriese algo similar y obviamente me alejo, pero lo que ella no sabe, es que ciertamente, me estaba agotando demasiado rápido de fingir interés, de fingir cariño; las veces que salía con ella llegaba a mi casa agotada, pero no de disfrutar su compañía, sino de intentar luchar con las ganas de alejarme, irme y dejarla allí, botada. Pero. nuevamente estaba esa voz que me susurraba “aguanta” y me quedaba un tiempo más con ella, ilusionándola.

Aunque parezca mentira y por lo general no lo demuestre, he pasado por bastantes personas maltratadoras. Ahora sé que era un patrón. Una era fuertemente emocional, un tira y engoje amoroso, hoy te quiero, mañana no, y así… que duró cerca de 4 ó 5 años, me usó físicamente como tanto había anhelado y al siguiente día -literalmente-, me dejó en la peor de la situaciones. Como dicen por ahí, “huyó por la derecha”. Me dejó devastada, había hecho tanto por él… En otro momento de la historia, salí con alguien que le gustaba humillarme públicamente por mi forma de vestir, y que por más que me arreglara, siempre le parecía que estaba fea, mal vestida, mal maquillada… en resumen, no-presentable. Era como un trofeo oxidado y abollado. Todo ello lo hacía mientras salía con otras chicas simultáneamente, pero no me quería “dejar” porque era yo quien le salvaba el estómago de acostarse sin comida alguna.  En otra oportunidad, una muy extraña y que parecía ir bien, salí con un chico extremadamente apuesto, chico Fitness, que me invitada todo el tiempo a comer y al cine, al principio se presentaba muy cortés y me llamaba cada noche para saber de mi día… Todo fue una maldita mentira. Sus celos exagerados y las ganas de monopolizarme la vida me agobiaban: si salía con mis amigos me insultaba, si no salía con él me insultaba, si estaba ocupada en algo es que le era infiel… y así continuaron algunos meses, hasta que ocurrió lo peor; también huyó y la responsabilidad que caía en sus hombros se la sacudió, pisoteándome, humilándome, maltratándome…

Después de todo eso, me tomé mi tiempo para recuperarme de las deudas que había ganado, de la universidad que había suspendido, por lo qué decidí ir a terapia psicológica. Lo que me impulsó a ir fue que me percaté de ese patrón que antes les mencionaba, estaba sumida en un círculo de violencia constante, salía de alguien para caer en las manos de otra persona y comenzar de nuevo… Es doloroso saber y tener presente que de verdad no me quería, incluso hoy creo que no lo hago, pero al menos trabajo sobre ello. Todo estaba relativamente bien, unos días feliz, otros triste, otros nulos…

Hasta ahora… Aparece de repente este chico, tan peculiar él. Lo conocí por medio de una red social para ligar. Estaba allí para conocer gente, conversar temas amenos e irme a dormir. Claro, siempre subyacente esa esperanza de encontrar a alguien para mi, y allí estaba, ciertamente, entre un montón de chicos que me escribían y pedían salir… Luego de tres meses hablando con él vía mensaje, por fin nos conocemos. Para mi sorpresa era bastante diferente a cómo me lo imaginé e incluso de las fotos que tenía en su perfil, pero no para mal, muy al contrario. Él es disléxico, por lo que lo más impactante era oírlo hablar e intentar codificar lo que decía, su distintiva cara de estreñimiento y un tic al caminar… Ya que habíamos llegado bastante temprano para ver Moana, nos pusimos a conversar. Obviamente mis nervios me traicionaron y comencé a decir cosas que resultasen graciosas para verlo reír. ¡Qué terrible error!, vi su sonrisa y lo rojo que se ponía, mientras en mi crecían las ganas y el deseo de seguir viendo ese espectáculo. Agarré confianza demasiado pronto, ese mismo día ya lo estaba abrazando… En otra oportunidad me acompañó a tatuarme, era por su casa, por lo que se sentía casi obligado a hacerlo para resguardar mi seguridad. En todo el trayecto fue cariñoso, me abrazaba, me besaba la frente, las manos, las mejillas, me tomaba de la mano, me cuidaba… Algo que en ninguna de las relaciones anteriores había vivido. Me impactó… Y así continuaron las demás salidas… Ahora que ando entusiasmada por verle, él me dice que está igual, me doy cuenta que todo parece ser demasiado lindo para ser verdad, y eso me da otro miedo rotundo y profundo, porque puedo enamorarme… y ¿si él me deja como lo hicieron todos los anteriores, herida?, ¿Qué iba hacer con ese amor que estaba creciendo en mi interior?, ¿Qué haría con estas ganas y deseos de verle, que me abrace, me llene de besos y cariño?

Lo quiero, si… a eso le temo, a que me ocurra todo lo que antes me ha pasado, pero esta vez me encuentre enamorada.

 

 

Tiempo de Besos

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¡¡Atención Ciudadanos!! de la capital de nuestro maravilloso país Venezuela. Según nuestros voceros del gobierno, se acerca desmesuradamente una pandemia que es extremadamente peligrosa y muy fácil de propagar: se trata de un virus llamado *GIdBcP* por sus siglas (Ganas Infinitas de Besar con Pasión), el cual provoca a los individuos infectados altísimas ganas de besar casi a cualquier persona, esto engloba a todo aquel o aquella que resulta atractivo/a, que a su parecer tenga buen y atrayente olor, y que su voz se sienta como canto de ángeles en tierra o como la de algún Dios mitológico griego. Por lo que, próximamente, nadie quedará ileso de esta enfermedad, ya que estamos llenos de ilustres bellezas femeninas y hombres de galante porte.

¡A modo de Advertencia!: se sugiere salir muy olorosos a perfume o esencias, bien vestidos (preferiblemente sexy), maquillaje sencillo, y como la mayor de las provisiones: salir con los labios bien expuestos para que no quede alguien por besar. ¡¡Estamos en estado de Alerta Máxima!! si no ha besado, bese, porque es Tiempo de Besos.

-Diana Gaspero Reportando.