El Cielo de los Peces

El presente cuento fue escrito utilizando como disparador la imagen que se presentará a continuación, como parte de una actividad para el Taller de Creatividad Narrativa.

ahorcado-suicidio


-Cuéntame tu historia y dame una razón para no llevarte conmigo. Esta noche.

La Muerte acababa de tomar asiento en una de las sillas de la sala, esperando a que Antonio iniciara su relato. Pero Antonio no se sentía capaz en ese instante para rememorar todo lo que precisamente le había levado a cometer el suicidio. Él, todavía estaba absorto viendo como sus pies se balanceaban en el aire, viendo como la cuerda hacía enrojecer la piel alrededor de su cuello, sus ojos aún goteando lágrimas y todavía el eco de sus últimas palabras revotaban en las paredes del cuarto. “Lo siento”. Se escuchaba una y otra vez.

-Te necesito aquí. Conmigo. -Susurró La Muerte con una voz que a Antonio le resultaba familiar.

En ese preciso momento fue que le dirigió la mirada por primera vez a aquella mujer. Era impresionante, su figura esbelta, alargada, tez blanquecina tirando a grisácea. Unos ojos grandes, expresivos, ovalados y de color almíbar. Parecían inmutables. Antonio la observaba con tanta minuciosidad que había olvidado que estaba muerto. Pero esas caderas y esos labios color carmín incitaban a querer acompañarla, donde quiera que lo fuese a llevar.

-Antonio, te estoy esperando. -Dijo la pálida mujer al tiempo que se cerraba un poco el escote y lo ocultaba tras su larga y ondulada melena color plata. -¿Me vas a contar o prefieres venir conmigo? -Su mano se extendió tanto que casi llegaba a tocarlo. Parecía una trampa perceptiva visual. Con algunas de sus fuerzas levantó su mano y dudando sobre lo que realmente quería volteaba a ver aquel cuerpo suspendido en el aire, luego a la hermosa mujer, seguido de sí mismo de nuevo.

En ese instante detenido dentro de un bucle perpetuo de un minuto en la realidad, entró un mensaje a su celular. Él se levantó del suelo e intentó tomarlo. Pero no pudo. Su mano traspasaba los objetos, “como un fantasma”, pensó. Y se rió de sí mismo y de lo que le ocurría.

-¿Deseas saber lo que dice? -Antonio se volteó ante la expectativa de un posible trato con aquella dama.

-Si, por favor. -Asintió con resignación y tristeza.

-Puedo lograr que sepas su contenido. -Dijo señalando aquel aparato que cada minuto sonaba con un timbre distintivo e iluminaba su pantalla.- Primero tienes que contarme.

-¿Contarte qué? -Sus dudas se arremolinaban en su lengua, pensaba en las cosas malas que había hecho. En las buenas. En las que falló y se equivocó. En las que hizo daño y en las que fue asertivo. Pero Dalia, La Muerte, negaba con la cabeza.

-No son esas cosas las que quiero saber. ¿Qué te llevó a cometer suicidio? -Por un rato guardó silencio para ver si aquel hombre de cuerpo robusto y descuidado le respondía. En vista que no lo hizo, continuó.- Sabes que eso está castigado por el Cielo, ¿no?.

-Pero si me acabas de leer la mente, ¿cómo no puedes saber el porqué lo hice?

-Te explico. -Confesó ella.- En el estado en el que te encuentras tendrás la capacidad de saber muchas cosas sin necesidad de preguntarlas. Sólo lo sabrás. Tal como pronto me llamarás por mi nombre, sin yo habértelo dicho. Por otro lado, las emociones son expresadas de forma tan sincera cuando es el alma quien las demuestra que se puede sentir las vibraciones en el ambiente. Es por eso, que aunque pueda saber todos tus recuerdos, no los siento. Así que necesito que lo relates. Que recuerdes. – Finalizó la bella mujer.

Hubo tan inquietante silencio entre ambos que Antonio no le quedó dudas de lo que acaba de explicar Dalia, y tampoco sobre su influencia y poder que irradiaba. Se acomodó justo donde se encontraba al inicio. Tomó tanto aire como creía necesitar, y justo se percató que igual no lo necesitaba y rió de nuevo, “como un fantasma”, pensó. La dama de opacos colores cruzó sus largas y firmes piernas, se reclinó hace adelante dejando muy visible su escote, y apoyando su cabeza sobre la palma de la mano derecha, con la izquierda hizo un gesto para invitar a Antonio a hablar.

-Bueno, todo comenzó cuando mi madre se encontraba embarazada de mi. Ella tuvo muchos problemas, ¿sabes?. Había una contante amenaza de aborto- Uno de esos días de reposo, mi padre tuvo un accidente de tránsito aparatoso. Mis familiares más cercanos no querían avisarle a mi madre para que no se preocupase. Pero de todas formas se enteró y fue la primera en llegar a la clínica. Mucho antes que mis tíos, ¿sabes?. Eso empeoró la situación con el embarazo, mi madre tenía un sangrado abundante y problemas con la tensión, ataques de taquicardia y desmayos. Estuve a punto de morir, ¿sabes?. Al pasar ese acontecimiento todo se normalizó: el embarazo, y la salud de mi padre, permitiendo que naciera sano y salvo. Era la alegría de mis padres. La luz de sus ojos, pero ellos no querían que estuviese solo, ¿sabes?, presentían algo. Así que mi madre tuvo a otro hijo, pero al poco tiempo murió por una extraña enfermedad. Por lo que decidieron no intentarlo más. Cuando cumplí los 5 años tuve la primera muestra de que los padres no son súper héroes y mucho menos inmortales y omnipotentes. Mi madre se sentó conmigo y me contó que tenía un tumor maligno alojado en el cerebro, donde era imposible operar y sobrevivir a la intervención al mismo tiempo. Por lo que prefería llevar la mejor vida que le fuese posible. Me contó además que me quedaría poco tiempo con ella, así que debía cuidarla mucho y compartir todo lo posible. Pues nunca se sabría cuándo llegaría el tiempo para ella irse.

Hasta ese momento el tono de voz y el rostro de Antonio cambiaban de un estado a otro. En ocasiones se mostraba tranquilo, en otras con inmensas ganas de llorar, y por último, algunas expresiones denotaban dolor… Era un festival de emociones las que estaba presenciando aquella diosa, justo lo que quería y necesitaba para comenzar a recobrar su verdadero color. Ya su piel no era tan grisácea, pero seguía siendo pálida, sus uñas no tenían aquel color hueso, más bien se tornaban rosadas. Pero no era suficiente, pero sonrió por una fracción de segundo porque pronto Antonio daría inicio a la parte que más le emocionaba sentir. Luego de un rato de reposo por parte de Antonio este continuó.

-A raíz de ese tumor mi madre con frecuencia enfermaba, existiendo el riesgo que cualquier gripe se la llevara- Pero pasaron meses y años, y ella continuó con vida, superando las expectativas de los médicos y especialistas que la habían atendido. En medio de mi adolescencia conocí a una chica que venía a visitar a su familia en El Tigre. Ella era una de esas caraqueñas sifrinas que a veces venían a estos lares. Eso sí, era hermosa pero de mal carácter. En casa de mis primos, que también lo eran de ella, fue que nos conocimos y me habló por primera vez: “me encanta tu camisa”, dijo. Desde entonces no hubo nadie que nos pudiese separar, ¿sabes?. Nuestras conversaciones eran atemporales interminables. Cuando no lo hacíamos en persona, nos comunicábamos por mensajes o llamadas. Un día me animé a pedirle que fuera mi novia y ella aceptó. Fueron los siete meses más hermosos para mi. Fue mi primer amor, fue mi primer beso, fue y será siempre mi primera vez en muchas cosas. Pero un día me escribe que quería romper conmigo, justo después de haber disfrutando tanto de su compañía, de aquella luna roja que adornó el cielo y su mirada. No sabía las razones de esa decisión. No pude localizarla por su teléfono y tampoco conocía o tenía el de sus padres. No sabía que estaba mal, pero me preocupaba.

«Años más tarde me enteré por ella misma que había intentado suicidarse, sin tener los resultados deseados. Aunque no eramos ya pareja, ella seguí estando en mi vida como mi mejor amiga, como mi Nee, mientras yo la amaba en silencio. Ella a los meses conoció a un chico que se volvió su amor más sufrido y eterno, el inolvidable, mientras yo me vi desplazado a ser siempre su pañito de lágrimas y el confidente de sus experiencias amorosas…»

«Me la pasaba solo y ya en la universidad, tenía muchas cosas con la que lidiar: la enfermedad de mi madre y su constante debilidad, los accidentes en los que casi fallece mi padre, los llantos de mi amiga y los retornos a los brazos de aquel ser, la carrera que no me gustaba, iniciar una vida en solitario en una ciudad desconocida, lejos de mi familia, en una universidad privada que aumentaba dos veces al año los períodos de estudio… Tantas cosas, ¿sabes?, y ella todavía me contaba en medio de sus despechos amorosos cuanto lo amaba, lo extrañaba y lo quería, como a nadie nunca había hecho.»

Por primera vez Dalia cambió su semblante. Se volvió más suave, más tierno. Sus cejas se acercaron casi hasta abrazarse, sus ojos se humedecieron apenas, y ahora su cuerpo reposaba en el espaldar de la silla, con sus brazos rodeándole el pecho. Aquella mujer era tan sensible en cuestiones de amor que por eso mismo le encantaba escuchar historias de suicidio. Pues sabía que algunas de esas almas estaban destinadas a reencontrarse, quizás en el Cielo, o en vida, también hay algunas, con más suerte, que se reencontrarán donde quiera que estén. Como era el caso de éstas dos: estaban destinadas a estar unidas por el hilo del querer, pero sólo una de las partes llegaría a amar sin ser correspondida en la misma medida. Dalia lo sabía. Él sería un eterno enamorado no correspondido.

-¿Continuo? -Preguntó Antonio, extrañado ante ese cambio de semblante de La Muerte.

-Por favor, sea usted tan amable. -Dijo finalmente sonriendo.

-¿Dónde me quedé? -Dijo el chico rascándose la cabeza, aunque nada le podía causar piquiña. Algunas malas mañas transcienden la vida, interpretó la diosa. Mientras tanto el joven extraviado entre sus pensamientos y el corte tan alto de la falda de Dalia, se ancló a otro recuerdo para poder proseguir.- ¡Ah, ya!, para ese entonces en el que ella seguía muriendo por J. M., yo había recibido una beca para estudiar en Estados Unidos, pero por dos fuertes motivos la rechacé: el primero es porque no me quería distanciar más de mi Nee, y el segundo es que no quería continuar con la carrera de medicina, no me gustaba. Luego me inscribí en Contabilidad Pública, y allí obtuve nuevamente una beca, con la que me ayudé a pagar mis estudios, y otros gustos, además de responsabilidades.

«Mis problemas y temores se fueron agravando y acumulando, por lo que unos conocidos me aconsejaron unirme a un grupo de estudiantes que prestaban apoyo emocional y psicológico, siendo vigilados y asesorados por un profesional en el área. Allí conocí a Maga, una pelirroja encantadora, muy hermosa, carismática y graciosa, pero como todos los demás en ese sitio, con problemas. Ella sufría de narcolepsia. Maga fue la segunda mujer que llegué a amar. Salimos muchas veces, me convertí en su pareja oficial, conocí a sus padres y amigos. Me hacía tan feliz. Pero luego eso cambio. Ella estaba en una fiesta y se quedó dormida, unos tipos abusaron de ella a más no poder hasta que despertó y reaccionó a aquella situación huyendo, ¿sabes?. Su mundo se vino abajo y el mío con ella, yo no sabía cómo ayudarla, se alejó, se tornó muy insegura, y al poco tiempo se suicidó. Me terminé de derrumbar. ¡Te la llevaste, Dalia!, ¡Tú te la llevaste!.» -Los ojos de Antonio no lograban seguir acumulando la tristeza de un recuerdo tan fresco. – «La amaba, ¿sabes?, de verdad la amaba.»

Sus gritos y llanto desbordaban el lugar. Antonio en un ataque de ira intentaba romper y patear cuanta cosa estuviera en su camino, pero fue inútil, todo lo traspasaba, en ese momento odiaba su condición de fantasma, maldiciendo entre dientes. Poco a poco se fue calmando el colérico hombre y dirigiendo su objetivo hacia la bella mujer comenzó a increparla y enfrentarla.

-¿Satisfecha?, ¿algo que aportar?

La mujer lo tomó del hombro levantándose. Su altura superaba los dos metros y parecía ir en aumento, sin embargo, esto no impedía que su cuerpo se viera tan elegante que aquellas modelos de mayor trayectoria sentirían una inevitable envidia. Con suficiente fuerza y presión, Dalia hizo retroceder a Antonio hasta su lugar, para luego tomar una postura mucho más erguida e inquisitiva en lo que regresó a su silla en la sala.

-Si. Estoy satisfecha. Aunque también tengo varias cosas que decirte. -Dijo Dalia con una voz neutra y aplanada.

-¿Qué me dirás?, ¿qué había legado su tiempo?, ¡Eres una grandísima hija de p…! -Antonio en medio de un nuevo brote de ira no logró controlar lo que salí de sus labios, empero, La Muerte si. Con un simple movimiento de su mano, Dalia acalló el improperio que por poco termina de salir de sus labios.

-No he terminado de hablar. -Afirmó con rudeza y tajancia.- Te aclaro algo mocoso: yo no soy quien quita la vida. De eso se encarga Aerán, La Vida. Yo me encargo de darla, así que sé más agradecido. ¿Quedó claro? -El temor en aquel instante sólo llevó a afirmar con la cabeza a Antonio, seguido de uno muy leve de Dalia, la Dama de las Tinieblas.- Continuo. Tu historia de vida se le conoce como camino del héroe, en él como te has dado cuenta se tienen muchas desgracias o encuentros desafortunados por superar, afrontar y con los que debes continuar. -Hasta ese momento la voz de Dalia era áspera y espesa, el ambiente al rededor se volvía agotador e pesado, pero casi enseguida eso cambió.- Eres una gran persona. -Dijo con voz dulce y maternal- Te mereces una segunda oportunidad porque eres de esos pocos héroes que hace todo el bien que está en sus manos, incluso vas más allá de tus posibilidades y límites, mientras cargas un pasado muy sufrido y agotador. Por eso, volverás a vivir, pero tienes que seguir luchando, tienes que seguir dándome razones para defenderte ante Aerán. ¿Quedó claro? -En ese minuto detenido que parecía interminable, Antonio afirmó ante la interrogante de la mujer.

Al abrazarse a la vida, La Muerte se acercó con pasos largos y seductores hasta el cuerpo colgante de Antonio, tomó su alma y la introdujo de vuelta. Con un leve roce de la mano de Dalia sobre la cuerda hizo que ésta se rompiera de inmediato, dejando caer aquel cuerpo que parecía desprovisto de vida. Antonio ya dentro de su cuerpo vio acercarse a su rostro a la imponente mujer. Dalia, quien era tan majestuosa y enternecida, le sostuvo la cabeza al joven con todo el amor que le permitía su ser. Enseguida, le plantó en los labios el Beso de la Vida, permitiéndole llenar sus pulmones con una gran bocanada de aire, reviviendo.

Aerán apareció detrás de Dalia en lo que ésta le otorgó la vida. Se mantuvo silencioso hasta que la dama de ahora colores brillantes internivo.

-Querido, ¿cuánto tiempo? -Dijo con voz dulce pero ponzoñosa.

-Dalia. -Respondió en seco aquel colosal ser.

-¿Molesto? -Preguntó con picardía.

-¿Hasta cuándo vas a seguir saboteándome?

-¿No es hermoso?. Él es un héroe porque siempre intenta salvar cuantas personas pueda, e incluso si no puede lo hace, creyendo que de esa forma va a redimirse y alcanzar el Cielo, concediéndole una vida más afortunada. Pero su historia es diferente. Él no se va a quedar con la chica que ama, y por siempre querrá a la que murió. Está destinado a grandes cosas, muy prometedoras, por cierto, sin embargo, le será más cuesta arriba encontrar el amor si no deja de aferrarse a ese que carga.

Ambos amantes, ahora con sus colores representativos intercambiados se quedaron admirando como Antonio se retorcía de dolor al quitarse la cuerda, sin ser ese un impedimento para arrastrarse hasta donde se encontraba su celular con la finalidad de revisar ese mensaje que le mantuvo con la esperanza de vivir. Era de parte de su mejor amiga, si primer amor, su Nee.

“Te necesito aquí. Conmigo.” Rezaba.

Para mi mejor amigo: Antonio R.

De parte de su Nee…

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